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Domingo por la mañana
Title
   La resurrección del Señor    
Speaker
   Rev. Jaerock Lee
Pasaje
   1 Corintios 15:41-44
Date
   2018-04-01



[Pasaje]

[1 Corintios 15:41-44]
«Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual».



[Introducción]

Amados hermanos en Cristo:

¡Felicidades en este día de la resurrección del Señor!

Jesús tomó nuestros pecados y sufrió una muerte miserable en la cruz.

Al tercer día después de su entierro, era la mañana del día siguiente al Día de reposo.

María Magdalena y la virgen María estaban visitando la tumba con pesar, pero escuchar algo increíble de parte de un ángel.

En Mateo 28:5-6 leemos: «Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor».

Tal como lo dijo el ángel, solo había quedado la sábana y los envoltorios que tenía en la cabeza.

La sábana estaba envuelta como si alguien la hubiera enrollado.

Lo que ocurrió aquel día hace 2.000 años produjo un avivamiento y transformó a muchas personas, incluyendo los discípulos y las dos mujeres que vieron la tumba vacía.

Mi vida y la vida de ustedes también ha sido transformada por completo por la fe en la resurrección del Señor.

En este mensaje me gustaría que recordemos una vez más las lecciones de la resurrección del Señor para nosotros.

Ruego en el nombre del Señor que ustedes se llenen de la esperanza de la resurrección y que disfruten de cambios más positivos.



[Mensaje principal]

Amados hermanos en Cristo:

La resurrección del Señor, en primer lugar, nos permite comprender que hay una vida eterna.

En Silicon Valley, en Estados Unidos, que es hogar de muchas compañías noveles y globales de tecnología, se dan estudios para la extensión de la vida humana hasta los 100 e incluso hasta los 500 años.

No solo para Qin Shi Huang en el tercer siglo a.C., sino también para las personas de hoy, uno de sus mayores intereses es el de vencer el envejecimiento y las enfermedades para poder vivir más.

Además, continúan los estudios y las investigaciones para vencer a la muerte en sí y vivir por siempre.

Mientras los científicos hacen sus investigaciones, las personas comunes invierten mucho tiempo y dinero para mantenerse jóvenes.

¿Por qué lo hacen?

Es porque creen que no hay vida después de la vida en este mundo.

Cada día más personas viven tan solo para satisfacer su lujuria, pensando que la vida es corta y que solo podrán disfrutar de esta vida, por lo que creen que deben disfrutarla al máximo.

Estos conceptos se difunden rápidamente, en especial entre las generaciones jóvenes.

Por ejemplo, muchos jóvenes en la actualidad no sienten la necesidad de ahorrar dinero o de ejercer el dominio propio para prepararse para el futuro.

Piensan que es mejor gastar su tiempo, su energía y su dinero disfrutando de cada momento al máximo.

Sin embargo, no pueden disfrutar la felicidad verdadera sin importar cuánto lo intenten.

Esto es porque siempre tienen temor de la muerte; en otras palabras, su limitado tiempo de vida.

En especial en la actualidad, vemos los continuos desastres, que son señales de los tiempos finales, tal como se lo profetiza en Mateo 24.

¿Habrá alguien que pueda decir: «Yo soy la excepción; estoy a salvo»?

Incluso en Corea del sur hemos experimentado recientemente sequías, terremotos y grandes incendios. Sentimos que los desastres pueden golpearnos en cualquier momento.

Hermanos:
Estamos viviendo en este tipo de mundo, pero nuestra situación es un tanto diferente a la de los no creyentes.

¿Por qué razón? Es porque creemos en la resurrección.

El Señor se convirtió en el primer fruto y un ejemplo de resurrección.

Jesús nació en este mundo con un cuerpo físico semejante al nuestro.

Aunque murió en manos de personas malvadas, Él resucitó.

Es porque Él no tenía ningún pecado en absoluto.

En Romanos 6:23 leemos que la muerte es la paga del pecado.

Por lo tanto, el poder de la muerte no podía vencer a Jesús porque Él estaba libre de pecado.

Jesús no solo resucitó, sino que también nos enseñó el camino para participar de la resurrección y obtener la vida eterna.

En Juan 11:25-26 leemos: «Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?».

Es decir, si creemos en Jesucristo como nuestro Salvador personal, aunque nuestro cuerpo físico muera, volverá a vivir cuando el Señor regrese.

Por esta razón, la Biblia dice que los que mueren creyendo no mueren, sino que duermen.

Así como Jesús resucitó, los creyentes también se levantarán de sus tumbas como si despertaran de su sueño y serán llevados al cielo.

Sus cuerpos serán transformados en cuerpos resucitados.

Estos cuerpos se encontrarán y se mezclarán con sus espíritus que descenderán con el Señor en el aire.

Los que reciban al Señor aún con vida, vestirán su cuerpo resucitado mientras son arrebatados.

1 Tesalonicenses 4:14-17 dice: «[14] Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. [15] Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. [16] Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. [17] Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor».

No obstante, para que puedan creer en el Señor y participar de la resurrección, no deben olvidar lo que es creer en el Señor.

Como ya han escuchado muchas veces, creer en el Señor no es creer con el conocimiento solamente o solo con los labios.

Es creer todas las palabras del Señor en el corazón y ponerlas en práctica.

Al tener esta fe verdadera, ruego en el nombre del Señor que ustedes participen en la resurrección y la vida eterna.

Amados hermanos:
La resurrección del Señor, en segundo lugar, nos permite comprender que todo el esfuerzo en el Señor será recompensado.

Respecto a la resurrección, el pasaje de hoy afirma: «Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual.»

Al hablar de corrupción se refiere a todas las cosas físicas que se descomponen y se corrompen.

No hay nada en este mundo que dure para siempre.

Solo piensen en cada cosa física que tienen. Todas esas cosas eventualmente se descomponen y desaparecen.

No obstante, el Señor dice que si sembramos tales cosas que se corrompen para Él, cosecharemos cosas en incorrupción.

Por ejemplo, el cuerpo físico envejecerá y se enfermará; eventualmente morirá, incluso si hemos cuidado de este en toda forma posible.

Pero si trabajamos para el Señor con este cuerpo, Él nos dará un cuerpo espiritual que no se corrompe.

Además, Él nos dará recompensas, nos confortará y nos elogiará.

Es tal como lo prometió en Apocalipsis 22:12, que dice: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra».

No se trata solo del cuerpo físico, sino también de todas las cosas materiales de este mundo.

No importa cuánto dinero tienen, pues no tendrá valor cuando mueran. Asimismo, una gran cantidad de dinero puede desaparecer de la noche a la mañana.

¿Qué pasaría si sembramos estas cosas materiales para el reino de Dios?

Dios nos galardonará con cosas preciosas que nunca desaparecen en el reino de los cielos.

En Mateo 6:20, Jesús afirma: «Sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan».

A diferencia de lo que almacenamos en este mundo, las cosas materiales que siembren para el reino de Dios se almacenarán en sus moradas celestiales y jamás desaparecerán.

En el cielo, incluso la calle en la que caminaremos es hecha de oro.

Entonces ¡las moradas celestiales y las recompensas que recibirán los que dan todo al Señor serán aún más preciosas y resplandecientes!

Si damos nuestro tiempo para el Señor, Él nos recompensará con la eternidad, y la vida eterna en el cielo.

Cuando nos esforzamos por el Señor en este mundo, no tendremos tiempo suficiente para comer o dormir.

A veces es difícil obtener un poco de tiempo para tener una pequeña charla con nuestros amados.

El Señor nos recordará todas estas cosas y nos confortará además de recompensarnos.

Él está preparando todo en el cielo, incluyendo nuestras moradas, para que nosotros podamos descansar o invitar a nuestros amados y disfrutar momentos alegres.

Juan 14:2-3 expresa: «[2] En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. [3] Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis».

Hermanos:
Hay algo que necesitan entregar al Señor por encima de su cuerpo, su tiempo y su dinero.

Es el prepucio de su corazón.

Esto significa que deben circuncidar su corazón de todo el mal olor del pecado y la maldad.

En Jeremías 17:9 leemos: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?».

Así también, Jeremías 4:4 nos pide: «Circuncidaos a Jehová, y quitad el prepucio de vuestro corazón».

El prepucio es el de la carne, así que cortarlo involucra el dolor de cortarse la piel.

No obstante, si Sus hijos circuncidan su corazón de este modo, Dios el Padre les dará todo lo que deseen.

Las recompensas para aquellos cuyas almas han sido fieles con la circuncisión del corazón serán completamente diferentes de las recompensas de los que no han circuncidado su corazón.

Por lo tanto, les pido que con diligencia y sin escatimar nada siembren ante el Señor todas las cosas que son corruptibles.

Al hacerlo, ruego en el nombre del Señor que ustedes cosechen con abundancia en el cielo, es decir, el incorruptible cuerpo espiritual y las recompensas eternas.

Amados hermanos en Cristo:
La resurrección del Señor, en tercer lugar, nos enseña que los sufrimientos que experimentamos por el Señor se convertirán en gloria.

De todos aquellos que vivieron en este mundo y entraron al cielo, ¿quién creen ustedes que ha recibido la mayor gloria?

Es Jesús.

Jesús cumplió Su deber como el Salvador de este mundo y recibió la gloria para sentarse a la diestra de Dios.

Antes de recibir este alto honor, Él tuvo que atravesar el sufrimiento más grande de todos.

Él tomó la forma de siervo, sirvió a todos y cumplió la voluntad de Dios al obedecer hasta la muerte.

Filipenses 2:6-11 relata: «[6] El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, [7] sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; [8] y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. [9] Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, [10] para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; [11] y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Jesús nació del Espíritu Santo, pero tenía un cuerpo humano. Por ende, sentía hambre, sed y cansancio de vez en cuando.

Él sintió cada dolor mientras era crucificado.

Debido a que vino al mundo en cuerpo humano, los malvados lo despreciaron al ver Su apariencia.

Al final, lo crucificaron.

Jesús aceptó todos estos sufrimientos sin decir nada.

Isaías 53:7 dice sobre esto: «Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca».

Todos estos duros sufrimientos fueron recompensados con gloria indescriptible.

Su piel era áspera debido al fuerte sol y al viento del desierto. Su cuerpo era delgado porque no comía ni dormía bien. Sin embargo, su cuerpo fue transformado en un cuerpo hermoso por medio de la resurrección.

Jesús fue despreciado en este mundo, pero Él es exaltado como Rey de reyes y Señor de señores por siempre.

Nuestro Señor anhela compartir esta gloria de la resurrección con todas las almas.

En Lucas 22:30 se nos dice: «Para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel».

Pero antes de decir eso, había una condición.

Los versículos 28 y 29 dicen: «Pero vosotros sois los que habéis permanecido conmigo en mis pruebas. Yo, pues, os asigno un reino, como mi Padre me lo asignó a mí».

Es decir, la gloria de comer a la mesa del Señor será para aquellos que han permanecido a Su lado en todas Sus pruebas y quienes sufrieron junto a Él para cumplir el reino de Dios.

La mayoría de los discípulos de Jesús tomó este camino de sufrimientos.

Después de conocer al resucitado Señor de gloria y recibir el Espíritu Santo, se hicieron más valientes y estuvieron dispuestos a ir por el camino del martirio.

Todas las dificultades que atravesaron les fueron recompensadas con gloria.

Sin embargo, el pasaje bíblico de hoy en 1 Corintios 15:41 dice: «Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria».

La luz que emitirá cada cuerpo resucitado será diferente dependiendo de la gloria de cada uno.

¿Hay alguno entre ustedes que está sufriendo por causa del nombre del Señor?

Las dificultades por las que atraviesa cada uno son diferentes en varias maneras.

Pero solo recuerden que la magnitud de las dificultades que sufran por el Señor es proporcional a la magnitud de la gloria que recibirán.

Recuerden también lo que dice Romanos 8:18: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse». Ruego en el nombre del Señor resucitado de gloria, Jesucristo, que ustedes obtengan la victoria con gozo.



[Conclusión]

Amados hermanos en Cristo:
La resurrección del Señor nos da la convicción y la esperanza de nuestra vida eterna y de las recompensas y la gloria que recibiremos.

Por lo tanto, ruego en el nombre del Señor que siempre recuerden la resurrección del Señor y que participen de ella.

 
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